Jicaltepec

 

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Jicaltepec es un singular pueblo veracruzano perteneciente al municipio de Nautla, en el norte del Estado, a las orillas del río Nautla o Bobos y que toma su nombre del Cerro de las Jícaras, ubicado al sur de la comunidad y que se denomina así a partir de las raíces náhuatl xical, que quiere decir jícara, y tepec, que significa cerro.

 

La historia de Jicaltepec se remonta al año 1831, cuando el ex-oficial del ejército francés Stéfhane Etienne Guénot llega al puerto de Veracruz, donde, después de enfermar de fiebre amarilla, conocería al  doctor Jean Louis Chavert, médico francés que estaba al servicio del gobierno de México y dedicado a estudiar la fiebre amarilla.


El doctor Chavert era propietario de una finca en las cercanías de Nautla, y al enterarse, nació en Guénot la idea de ser su vecino. Para ello, se dirigió a Nautla, donde compró al señor Antonio Montoya una propiedad de 1200 hectáreas.

 

En 1833, Guénot se nacionaliza mexicano, funda la Compañía Agrícola Europeo-Mexicana y viaja a Francia con el objetivo de conseguir mano de obra para poblar y trabajar sus recién adquiridas tierras. Debido a los altos niveles de desempleo producidos por el inicio de la Revolución Industrial en aquel país europeo, no fue difícil encontrar personas dispuestas a dicha empresa y en el mes de septiembre del mismo año se embarcan en el puerto de El Havre los primeros 98 colonos, principalmente viticultores, campesinos y artesanos de Dijón, arribando al puerto de Veracruz casi un mes más tarde.

 

Guénot los traslada entonces a Nautla y posteriormente a los terrenos donde se edificaría Jicaltepec, pero en dicha travesía mueren de fiebre amarilla varios de los inmigrantes, por lo que casi todos los supervivientes desistieron de la empresa y volvieron a Veracruz para embarcarse de regreso a Francia o viajaron a la Ciudad de México para afincarse allí.
Solo unos cuantos permanecieron con Guénot, decidiendo reunir sus ahorros y enviar un emisario a Francia con el objeto de conseguir más mano de obra, redactando un escrito que resaltaba las ventajas que ofrecía México para la realización del proyecto colonizador. Sin embargo, dicho documento estaba fundamentado mayormente en mentiras, pues omitía mencionar que la situación política del país era sumamente inestable, además de que se padecían los estragos de una epidemia de cólera sin precedentes.
colonizador. Sin embargo, dicho documento estaba fundamentado mayormente en mentiras, pues omitía mencionar que la situación política del país era sumamente inestable, además de que se padecían los estragos de una epidemia de cólera sin precedentes.
                A pesar de todo esto, embarcan en 1834 cien borgoñeses provenientes de la ciudad de Champlitte, que se incorporan a la empresa en un momento crítico, pues el señor Guénot daba muestras de locura, al prender fuego a 500 fanegas de maíz almacenadas en la bodega comunitaria, con el pretexto de combatir al gorgojo, además de incendiar los campos de caña de azúcar. Después de esto, Guénot huyó hacia Misantla y nunca más se volvió a saber de él.
                Estos nuevos colonos encontraron los campos quemados y la comunidad sin jefe y, para agravar más la situación, el cacique regional Celso Acosta ambicionaba esas tierras, sabiendo que los franceses habían colonizado y desmontando la selva, sorteando los peligros de las inclemencias del clima tropical y las interminables plagas de mosquitos y enfermedades. Entre los nuevos colonos se encontraba Jean Bourillon, quién litigó contra Acosta con cierto éxito; pero al poco tiempo apareció asesinado.
                Ante la incertidumbre, se vuelve a producir el abandono de muchos colonos más. De los pocos que permanecieron en Jicaltepec, cuarenta familias prosperaron modestamente con la venta de maíz, tabaco y vainilla, por lo que esa concurrencia fue convirtiendo la población en un centro comercial de cierta importancia, ya que las cosechas de sus tierras abastecían a los habitantes diseminados en una gran zona de la región. Algunos ahorraron lo suficiente para volver a Europa y posteriormente regresar con nuevos grupos de colonos, produciéndose el arribo de dos nuevos grupos de franceses en 1835 y 1840, quienes comenzaron a prosperar tanto en Jicaltepec como en otras poblaciones de la zona, fundando incluso nuevos asentamientos, siendo el más importante el de Zopilotes, en la margen opuesta del río Nautla, posteriormente denominado Manuel Acuña y conocido hoy como San Rafael.
                La colonia se vio afectada por eventos políticos como la intervención francesa de finales de 1860 y más adelante por la Revolución Mexicana, sin embargo los colonos ya establecidos se negaron a abandonar lo que habían forjado con tanto esfuerzo, nacionalizándose mexicanos y perdiendo con el paso del tiempo la conexión con la tierra de sus orígenes.
                Con los colonos, llegaron a Jicaltepec y la región usos y costumbres de Francia, así como elementos arquitectónicos característicos que sobreviven hasta nuestros días, como los techos altos de cuatro aguas y la teja marsellesa.
                Si bien el uso de la lengua francesa casi se ha perdido por completo, algunos pocos pobladores conservan el idioma de sus antepasados.

                En 1996 se produce el hermanamiento de San Rafael con la ciudad francesa de Champlitte, reestableciéndose el vínculo histórico y cultural de esta región con Francia.